LOS NIÑOS Y LA NATURALEZA

Mientras sembrábamos unas semillas de zanahorias, me detuve a ver las manitas de mi hijo. Mi pequeñín estaba a mi lado, agachadito y colocando las semillas con una delicadeza cual un jardinero experto. Pero sus manitas cubiertas con tierra declaraban más que eso, expresaban un genuino amor por la naturaleza. No solo sabe de jardinería, mi niño es un auténtico connoisseur de la naturaleza.
Disfruta regar las plantas, sembrar  semillas y recoger la cosecha. Como también le gusta construirles casas a las lombrices  y bichos y se alegra cuando ve una ardilla o un pajarito. Lo mismo puedo decir de mi niñita. Sentadita en el césped, jala la yerba con su fuerza de diez meses, a veces logra arrancar un puñado de tallos, en otras ocasiones prefiere gatear hacia las ramas caídas más cercanas, observarlas y sonreír.
Lo mismo puedo decir de todo niño que alguna vez se haya ensuciado hasta el tope de tierra en su misión de trepar árboles  y construir casas para las lombrices, o a aquellos pequeños que a su corta edad cuidan de nuestro mundo con medidas ecológicas. Son connoiseurs de la naturaleza, a su edad y a su manera.
Porque para ser grandes conocedores de nuestra madre Tierra solo es esencial un elemento: el amor sincero. Y sabes que es amor cuando disfrutas cada momento. VIVES cada momento. Sea que estés corriendo, sientas placer al sembrar una planta o te alegre recoger ramitas caídas y jugar con ellas.
En la sonrisa de mi niña cuando la siento en el pasto y en las manitas tierrosas de mi hijo puede ver que crece un gran amor…
Yo conozco este amor, puro como la vida silvestre,  que crece con el tiempo y ha creado consciencia de la vida a mí alrededor.  Yo no creo que uno les inculque el amor a la Tierra, creo que es innato. Un niño que es expuesto a la naturaleza se enamora.
¿Cómo se pueden resistir ante tan bellos panoramas y magnifica vida animal y silvestre?
Los niños naturalmente se sienten atraídos por su alrededor, pero la clave para que un niño no solo se sienta encantado por la naturaleza, pero que además cuide de ella y lo disfrute; se encuentra en las herramientas que los padres les brindemos.
Solo enriqueciendo las vivencias de nuestros niños con la madre naturaleza, seremos capaces de permitir que ese amor sincero florezca.
Nuestros niños necesitan naturaleza, brindémosles las herramientas y seremos testigos de ese grandioso amor entre dos elementos del futuro:nuestros hijos y la Madre Tierra y lo bello que engloba, vida.

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